Yesquero de Artigas

Yesquero de ArtigasYesquero de Artigas “Un Chispazo de Libertad”

Muestra temporal e itinerante del Sistema de Museos de Colonia.

A 200 años de este singular hecho histórico

Durante los festejos del Bicentenario de la Revolución Oriental en el año 2011, el Sistema de Museos de Colonia realizó una muestra itinerante titulada “Un Chispazo de Libertad” entre febrero y mayo de ese año.

El 15 de febrero de 2011 se inauguró la muestra “Un Chispazo de Libertad” en el hall del Palacio Municipal, Colonia del Sacramento. Entre los presentes durante la inauguración estuvieron las dos donantes del yesquero, Lucía y Luisa María Morelli.

Durante marzo de 2011, el yesquero estuvo en exhibición en el Archivo y Museo de Colonia Suiza, Nueva Helvecia (Departamento de Colonia) a pedido del municipio de esa localidad.

En abril de 2011, la muestra estuvo en Rosario (Departamento de Colonia) pudiendo ser apreciada en la Junta Local de Rosario, también respondiendo al pedido del Municipio de esa localidad.

En mayo de 2011, “Un Chispazo de Libertad” retornó al hall del Palacio Municipal.

Finalmente, a fines de mayo de 2011 el yesquero volvió al Sistema de Museos de Colonia.

En la actualidad, el visitante puede apreciar el yesquero que perteneciera a Artigas en una de las salas del Museo Municipal “Bautista Rebuffo”.

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Yesquero de Artigas…“Un Chispazo de Libertad”

Banda Oriental, febrero de 1811. La plaza fuerte de Colonia del Sacramento no era ajena a los acontecimientos emancipadores que se sucedían en Buenos Aires desde mayo de 1810. Allí, José Gervasio Artigas servía como segundo comandante interino, bajo el mando del brigadier Vicente María de Muesas; este jefe, a quien Dios no lo había iluminado con el arte del mando, llegó a Colonia reemplazando al gobernador coronel Ramón del Pino.

Constantemente se suscitaban encontronazos entre el nuevo jefe militar y Artigas. Acérrimo defensor de sus soldados, este último tenía un elevado prestigio como militar y caudillo. Conocía cada rincón de la campaña oriental y era respetado por muchos y temido por otros tantos.

Un hecho menor encendió la chispa revolucionaria, la soldadesca de Artigas fue acusada por Muesas de ingresar a un huerto y tomar algunas frutas. Llamado por el gobernador, fue observado por la conducta de sus subalternos y al parecer bastó que fuera agraviado de palabra por su jefe para decidir la deserción.

En la oscura noche del 15 de febrero de 1811 Artigas cruza el portón de campo de la Ciudadela acompañado por el cura párroco José María Enriquez de la Peña, el teniente Rafael Ortiguera y un grupo de soldados.
Ocultos por las sombras se dirigen a la quinta de Juan del Águila, quien les proporciona unos caballos con los que ponen inmediatamente distancia no solo de Colonia, sino también del servicio de la corona de España.

A unos 30 kilómetros al norte de la ciudad el río San Juan – a la altura del Paso Antolín – se encuentra bordeado de un espeso monte indígena que da paso a una amplia cerrillada de piedras que se extiende hacia el lugar conocido como Cerro de las Armas. En esta zona, don Teodosio De La Quintana, el hacendado más rico de la región, tenía su estancia, una extensa porción de tierra que llegaba hasta las Puntas del arroyo San Luis.

No ajeno al devenir de los hechos, con las primeras luces del alba, el ladrido de los perros le advierten de una presencia ajena a la peonada. Desde la espesura del monte resalta la presencia de José Gervasio Artigas y sus hombres.

Mientras tanto, en Colonia, Muesas, furioso por la acción de Artigas, manda patrullar – sin éxito – todos los caminos circundantes de la ciudad.

Artigas, amablemente recibido en la Estancia Grande, es ayudado por Teodosio De La Quintana, quien le proporciona una cincuentena de pesos fuertes en oro, caballos y una escolta bien montada compuesta de cerca de diez negros armados de trabucos y machetes, para que acompañasen al caudillo.

Una hora y media más tarde, Artigas emprendía la marcha hacia Soriano para presentar, como lo hizo más tarde, su espada a favor de la causa americanista frente a la Junta de Buenos Aires.

Así comenzaba a gestarse la historia grande de nuestra patria.

Al despedirse de quien lo había cobijado, Artigas no sólo deja un fuerte abrazo por la ayuda recibida, sino que en señal de gratitud se desprende de una de las únicas prendas que llevaba en ese momento, un yesquero de cola de mulita.

En Buenos Aires, Artigas recibe el auxilio de 150 soldados, 200 pesos y el despacho del teniente coronel y tres meses más tarde en campos de Las Piedras, los Orientales obtendrían su primer triunfo de armas.

Veinticuatro años más tarde, el gobierno presidido por el general Oribe escrituró a doña Gervasia Benitez, viuda de don Teodosio De La Quintana, los extensos campos ubicados entre el río San Juan y el arroyo Miguelete, que componían la Estancia Grande, en recompensa de los servicios prestados al país por su difunto esposo.

El yesquero, perteneciente hoy a la colección del Museo Municipal “ Prof. Bautista Rebuffo”, fue obsequiado por Teodosio a su hermana, Cruz; luego pasó a manos de su hijo, Galo Solano; quien a su vez lo lega su hijo, Carlos Morelli Solano; heredado por sus hijas, Lucía y Luisa María Morelli; donan finalmente el yesquero al Museo.

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Díaz, Marcelo: Fascículo “100 objetos 100 historias”, Museos y Acervos del Uruguay, “El País” N° 19, julio, 2006, Montevideo, Uruguay.

Fotos: Sistema de Museos de Colonia

Yesquero
Cola seca de mulita, plata, acero, sílex y yesca
c. 1811, Platería Criolla, Banda Oriental
Perteneció a José Gervasio Artigas,
Colección Museo Municipal “Prof. Bautista Rebuffo”

¿Cómo funciona? Para encender los cigarros. Se coloca el pedernal en la palma de una mano y se aproxima la yesca utilizando el dedo pulgar e índice. Luego se golpea repetidamente con el eslabón con la otra mano. Enseguida que la chispa prendía la yesca, se reavivaba la llama soplando y finalmente se encendía el cigarro o la lumbre.

La yesca, alimento del fuego. En términos generales se le dice yesca (del latín esca, que significa alimento) a cualquier material seco capaz de encenderse fácilmente con una chispa.

Se podía preparar con cardos, trapos quemados e inclusive con hongos secos.

En España se recolectaban hongos conocidos como yesqueros, se los troceaba e introducía en un puchero con agua y buena cantidad de ceniza. Se les dejaba hervir y luego secar al sol. Las fibra deshidratadas y mezcladas con cenizas prenden fácilmente.

La yesca fabricada con trapos fue la que generalmente usó el gaucho de nuestra campaña. “Al trozo de trapo, previamente tostado o quemado y machacado se le empapa en pólvora negra, para lo que se disuelve ésta en agua, en la que se sumerge aquél, dejándola secar a la sombra, con lo que la yesca así tratada adquiere un alto poder inflamable.

Era tradición entre la gente de campo que la mejor yesca era de camiseta de lana vieja; aunque mucho se apreciaba (y aquí entendemos que con un valor simbólico-folklórico de origen psico-sexual), la yesca hecha con un trozo de enagua de hilado grueso, en la cual, naturalmente, “la virtud” radicaba en ser donación de su donosa dueña, que entregaba un trozo de tan íntima prenda que llevaba intrínseco el calor de su cuerpo”.

Yesquero Es un pequeño recipiente utilizado para portar la yesca destinada a encender el fuego. También el “yesquero” –como término genérico- está formado por tres partes principales: 1: el hornillo o yesquero propiamente dicho, 2: el pedernal y 3: el eslabón.

El primitivo yesquero se fabrica con una punta de cuerno con una pequeña tapita de cuero. También se los hizo de madera y de mate o calabaza y con la mayor de las frecuencias se utilizaba la cola seca de una mulita o tatú carreta. “Son (los de cola de mulita) los más funcionales, hermosos y hoy raros y buscados, de todos los yesqueros regionales”.

Por lujo se le agregaron virolas y tapas de plata. En la mayoría de estos yesqueros salían del hornillo una, dos o tres cadenitas: una para sujetar la tapa, otra para el pedernal y en ocasiones una tercera para sujetar el eslabón que a veces se presentaba como pieza separada.

El pedernal era una piedra para hacer chispa. En su forma más conocida consistía en un trozo de cuarzo llamado “silex pirómaco” de aspecto traslúcido y colores que van desde el gris ceniza hasta el negro. “El pedernal fosforece por frotamiento y entonces desprende un característico olor ligeramente bituminoso”.

El eslabón era un trozo de hierro o acero y se utilizaba para percutir el pedernal y así crear por frotamiento la chispa que enciende la yesca. “Su nombre deriva, probablemente porque en viejos tiempos fue un pedazo de eslabón de aquellas duras cadenas que tanto servían de grillos, como para levantar el puente de una fortaleza, o manejar una maza”. En ocasiones el eslabón tenía rayaduras o dientes que aumentaban la fricción con el pedernal y se encontraba parcialmente cubierto por una envoltura de plata que a su vez lo unía con una cadenita al hornillo.