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El Azulejo del Hombrecito

Azulejo del hombrecito"Daniel fue enseguida su amigo. Le apasionó el misterio del hombrecito del azulejo, de ese diminuto ser que tiene por dominio un cuadrado con diez centímetros por lado, y que sin duda vive ahí por razones muy extraordinarias y muy secretas"; así nos dice Manuel Mujica Lainez, comienza la amistad entre el hombrecito del azulejo y Daniel, un niño que fue a residir en la casa donde Martinito (así lo nombró el niño) posaba imperceptible para otros entre los azulejos del zócalo, a los que por su diseño, quitaba homogeneidad.

"Los demás, los que lo acompañan en el zócalo, son azules como él, con dibujos geométricos estampados cuya tonalidad se deslíe hacia el blanco del centro lechoso, pero ninguno se honra con su diseño: el de un hombrecito azul, barbudo, con calzas antiguas, gorro de duende y un bastón en la mano derecha." Si bien esta no es más que una narración fantástica, nos traslada inmediatamente a un escenario en que la arquitectura rioplatense se destaca por la presencia constante –por lo menos desde fines del siglo XVIII hasta mediados de siglo XX- de azulejos utilizados tanto como objetos funcionales como meramente decorativos.

En este sentido no haremos, como en el fragmento del cuento antes narrado, tanto hincapié en el personaje, sino al contexto material en que aparece, el azulejo; el cual en este caso (del diseño del hombrecito) pertenece al tipo más utilizado y más relevante en la arquitectura uruguaya de fines del siglo XIX. Nos referimos a los estanníferos franceses, cuya procedencia exacta conocemos gracias a la modalidad utilizada en la época de sellar el reverso de los azulejos, indicando el nombre del fabricante y la localidad de fabricación. De este modo nos es posible establecer su procedencia en la pequeña villa de Desvres, ubicada al norte de Francia en el departamento de Pas de Calais. (Artucio Urioste, 2004:17)

Sellos en el reverso

Es posible que, debido al rompimiento de las relaciones con España, la influencia francesa se haya acentuado en la arquitectura, habiendo importado “desde las Bocas del Ródano o a la región del Paso de Calais, la cerámica que se popularizó desde entonces por las ciudades del Plata”. (Nadal Mora, :8) Se supone que comienza a utilizarse en 1840, “fecha establecida por la datación aproximada de las construcciones más antiguas que los lucían, y por otra parte corresponde perfectamente con la fecha en que comienza el gran desarrollo de la industria azulejera en Desvres y su capacidad exportadora” (Artucio, 2004:16)

En cuanto a las técnicas de fabricación y de decoración de los azulejos, cabe destacar que éstas eran de carácter artesanal. La primera etapa consistía en el amasado, corte y secado de la pieza, llevándose luego a la primer horneada, con el fin de obtener el “bizcocho” o base del azulejo. Al mismo tiempo se preparaba el esmalte, mezcla de óxido de plomo y óxido de estaño (calcina), que es lo que les confiere a los azulejos su característico color blanco, y de donde proviene su nombre (estanníferos). La segunda etapa consiste en bañar el bizcocho con dicha mezcla; dejar secar la pieza naturalmente, colocar la plantilla y pintar con óxido de cobalto, obteniendo un dibujo en color azul. Finalmente se procede a la segunda cocción, “con lo cual se culminaba simultáneamente el proceso de decorado y esmaltado de la pieza. (Artucio, 2004:17-18)

En lo que respecta a los diseños de las plantillas, es decir a los dibujos que se hacían sobre los azulejos, pueden estimarse en unos 150 los diversos modelos de dicha procedencia. “La casi totalidad de ellos responde a la característica del dibujo formado con elementos menudos y esfumados: líneas de puntos, líneas continuas o cortadas en trazos (…) Es muy escaso el azulejo con motivo único…” Generalmente encontramos en sus diseños, elementos geométricos (triángulos, cuadrados, octógonos, polígonos, rombos, circunferencias, cuadrifolios, ondas, grecas y puntos; elementos vegetales (guirnaldas, racimos, zarcillos, ramos, palmetas, rosetas); elementos textiles (cintas); elementos astronómicos (nubes, estrellas); elementos heráldicos (flores de lis); y finalmente el menos común es el que nos muestra una figura humana: “hombre de traje antiguo, con calzas, bastón y gorro. Una por pieza, en color azul. Motivo sumamente raro.” (Nadal Mora, 1949:12-13) Dos de estos ejemplares se encuentran exhibidos en el Museo del Azulejo del Sistema de Museos de Colonia.

Azulejos

Bibliografía:

Artucio Urioste, Alejandro (2004) “El azulejo en la arquitectura uruguaya. Siglos XVIII, XIX y XXX” Ed. Linardi y Risso. Publicación del Museo del Azulejo. Intendencia Municipal de Montevideo.
Mujica Lainez, Manuel: “El hombrecito del azulejo”. Disponible en: http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/esp/mujica/el_hombrecito_del_azulejo.htm
Nadal Mora, Vicente. (1949) “El azulejo en el Río de la Plata. Siglo XIX” Universidad de Buenos Aires. Facultad de Arquitectura y Urbanismo.