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Planisferio “de Cantino”, 1502.

Planisferio de CantinoPlanisferio “de Cantino”, 1502.

Los portugueses, pioneros de los descubrimientos y de la apertura del mundo en los siglos XV y XVI, fueron además los responsables de una verdadera revolución: la de la ciencia y el arte cartográfico. Habiendo heredado los modelos y patrones de las cartas portulano mediterráneas, lograron perfeccionarlas, brindándoles un nuevo y decisivo enfoque, tanto en la inserción de innovadores procedimientos técnicos (consecuencia de la navegación astronómica en el Atlántico), como en la representación de los nuevos espacios del planeta que en ese entonces estaban siendo contactados y dados a conocer a los Europeos, es decir África, Oriente y Extremo Oriente, América Central y Sur.  La expresión de esta nueva conexión que conformaba una global integración geográfica y, por primera vez, una conciencia planetaria se reconoce en la carta que debe ser considerada como el primer planisferio moderno en la Historia de la Cartografía: la carta portuguesa anónima de 1502, conocida como “Carta de Cantino” cuya reproducción se exhibe en la sala de Cartografía del Museo Portugués de Colonia del Sacramento.

Historia

Fechado en 1502 y firmado como “Anónimo”, su origen es incierto y su historia, tumultuosa.

A principios del siglo XVI, Lisboa conformaba una agitada metrópolis que recibía grandes contingentes de inmigrantes en busca de prosperidad y también de agentes o espías en busca de los secretos traídos por los viajeros portugueses, tal como fue el caso de Alberto Cantino. Éste, habiendo sido enviado a Portugal por el duque de Ferrara con la intención formal de intercambiar favores y la intención implícita de recoger la mayor información posible sobre los descubrimientos portugueses, consiguió sobornar a un cartógrafo portugués para que realizara una carta náutica con toda la información secreta de la Casa da India en Lisboa; carta que conocemos hoy bajo el nombre de Cantino por una inscripción en la parte posterior de la misma que dice: Carta da navigar per le Isole nouam tr [ovate] in le parte de l'India: dono Alberto Cantino al S. Duca Hercole. Su obtención significó para Italia una ventaja en las relaciones comerciales con Portugal, pues les proporcionó información valiosa sobre la existencia de la costa de Brasil y sobre todo de territorio más al sur, mucho antes que otras naciones.

A través de una carta enviada por Cantino al duque de Ferrara, sabemos que se le pagó por ella una buena cantidad de monedas de oro. Pero su curiosa historia no termina aquí…

Durante noventa años, el antiguo mapa constituido por seis hojas de pergamino se conservó en la Biblioteca Ducal hasta que el Papa Clemente VIII lo transfirió a otro palacio en Módena, Italia. Más de dos siglos después, en 1859, producto de los saqueos llevados a cabo en la ciudad, el mapa desapareció. Nueve años después fue encontrado por el Director de la Biblioteca Estense, Giuseppe Boni, en una carnicería en Módena, como envoltorio para salchichas. El mapa del mundo de Cantino se encuentra desde entonces en la Biblioteca Estense, en Módena, Italia.

Descripción y particularidades

Este mapa deberá considerarse como uno de los más importantes de la Historia de la Cartografía. Representa con gran precisión zonas del mundo que hasta ese momento habían sido poco exploradas por los europeos. Además, muchos de los detalles que aparecen en él (como el reconocimiento de la península de Florida cuyo descubrimiento es atribuido a Juan Ponce de León 11 años después) han llevado a generar distintas conjeturas que resultan en la evidencia de que su elaboración fue el resultado de sucesivas exploraciones clandestinas llevadas a cabo por los portugueses entre 1497 y 1498.

Cantino Brasil

Una de sus más importantes particularidades reside en la forma en que se representa el territorio hoy brasilero, confirmando la extensión del continente americano hacia el sur, tal y como dos años antes se había aventurado a decir Pedro Alvares Cabral que el Brasil no era sólo un territorio pequeño, sino quizás un continente que se extendía mucho más al sur. Aunque carezca de toponimia, puede que el mapa de Cantino sea el que más haya influido en la popularización del nombre Brasil, territorio que se identificaba comúnmente en esta época a través de papagayos multicolores.

Sorprende además, la exactitud con la que aparecen representadas otras zonas del planeta. La sucesión de reconocimientos africanos promovidos por Portugal a lo largo de casi un siglo dieron como resultado el trazado casi perfecto de los límites del continente. Su línea costera es delineada con un detalle sorprendente para la época, con un margen de error menor a 45 kilómetros, lo cual es una proeza si tenemos en cuenta que entonces no existía modo preciso de medir la longitud.

En los portulanos, cuya técnica de medición náutica heredaron los portugueses, no se hacía uso de indicaciones tales como meridianos o paralelos; en su lugar se dibujaban rosas de los vientos referidas al norte magnético, al cual se dirigen las flechas, una de las cuales presenta siempre una ornamentación especial. En el caso portugués, el indicador del Norte se realizó bajo la forma de Flor de Lis.

Rosa de los Vientos

Pero a partir del descubrimiento de América y de la ruta de las Indias por oriente, las cartas portulanas comienzan a dar problemas técnicos, pues ellas estaban destinadas exclusivamente a la navegación por rumbo y distancia. La solución suponía la incorporación de la latitud. Surgió así la llamada “carta cuadrada” adhería referencias formadas por paralelos  y meridianos, conformando una cuadrícula sobre la cual se insertaba la urdimbre de líneas en forma de rosa de los vientos

El planisferio de Cantino es precisamente la más antigua carta náutica conservada que presenta la conjugación del sistema de medición por rumbo y distancia de los portulanos y la medición astronómica de la las latitudes que abre camino a la cartografía moderna. En éste no aparece, por ejemplo, el ecuador; pero sí se señala el Trópico de Cáncer y la famosa línea de demarcación de Tordesillas. Dentro de las costumbres antiguas de representación cartográfica, aparece Jerusalén ocupando el centro del mapa (o del mundo), y pintado de rojo el mar con dicho nombre, al estilo medieval.

Fuentes:

Jiménez Martínez, M.J. y Villar Cano, M. “La cartografía, entre los siglos XIV y XVI, instrumentación y técnicas de levantamiento” Real Academia de Cultura Valenciana. Universidad Politécnica de Valencia.

Vargas Martínez, Gustavo: Brasil en la cartografía prelusitana, ENAH, México.

Pinheiro Marques, Alfredo. (1991) “La cartografía portuguesa y la construcción de la imagen del mundo” Embajada de Portugal, Montevideo.