Toros en la Colonia La Corrida de ayer Un Regreso Memorable

La Nación 10/01/1910Artículos periodísticos de las corridas de toros en el Real de San Carlos, Colonia del Sacramento, incluidos en un Álbum de Recortes del Real de San Carlos, Colección del Museo Municipal, Sistema de Museos de Colonia. Fotografías de los artículos y su transcripción total o parcial.

“La Nación 10-01-1910"

"Toros en la Colonia - La Corrida de ayer - Un Regreso Memorable"

“El Atractivo de la novedad, el prestigio de la cuadrilla española y el anuncio de las grandes obras realizadas en la plaza de San Carlos, habían multiplicado ayer el interés con que nuestro público acoge las corridas de toros, aun cuando tengan más semejanza a simples parodias que a corridas.

Y fueron muchos millares de personas las que pasaron la odisea reservada a los mártires de la tauromaquia ya probada en las lidias del año anterior y acrecentada en éste hasta los límites del más extremo perfeccionamiento.

Decíase que con el ensayo de las anteriores corridas se habían podido adoptar medidas eficaces para obviar todos los inconvenientes y prever todas las deficiencias. No volverían a producirse, gracias a un muelle especial, los entorpecimientos del desembarco y en cuanto al transporte el número de vapores no permitiría que hubiera aglomeración, ni nada semejante por muchos que fueran los excursionistas.

Había además un “clou” de la fiesta: el vapor “Colonia”. Tratábase, según los anuncios, de un gran barco, con todo género de comodidades para esta clase de travesías, con cubiertas amplias y cómodas, con instalaciones para un servicio perfecto de bar y con una velocidad tal, que el viaje se haría a mucho tardar en hora y media. Realmente, el Colonia dio, como se esperaba, la nota saliente del día, y aunque hubo muchas y muy destacadas que merecían capitulo a parte, ninguna tan completa como la del mentado vapor.

Mal que mal, los concurrentes a la corrida hicieron el viaje de ida y desembarcaron sin mayores contratiempos. Algunos detalles hubo que parecían un anticipo del regreso. Por ejemplo, el Tritón fue a fondear frente a La Colonia y una vez allí tomó rumbo para San Carlos.

La Nación 10/01/1910Según los representantes de la compañía, ésta les había dado instrucciones para ir a la Colonia olvidando prevenirles que era al muelle de la plaza.

Naturalmente, media hora o poco más, de retardo para los pasajeros.

Pero los pequeños tropiezos de la ida fueron tortas y pan pintado en comparación de lo que había de ocurrir al regreso.

Terminada la corrida la gente se dirigió al muelle y allí se concentró, apiñada como una sola masa un público de varios miles de personas.

Dos de los vapores regresaron antes de terminar la corrida, porque debían salir a la noche para Montevideo y necesitaban estar temprano en Bs As. Los pasajeros se arreglarían como dios les diese a entender en los demás, que si habían ido llenos habían de regresar rellenos de gente. El embarco se hizo en montón, al azar de la columna. En el Tritón, que estaba junto al muelle subieron pasajeros hasta colmarlo habían ido trescientos y se metieron cerca de mil para volver. Cuando no cabía un alfiler se cerró el portalón y el vapor emprendió la marcha.

Tocaba enseguida el turno al Colonia, la gente de la plaza habían llegado en su totalidad al muelle y esperaba allí, comprimida hasta formar masa compacta, el momento de embarcarse.

De improviso se notó que el muelle se movía. La corriente de marcha se estableció en sentido contrario para disminuir el peso que gravitaba sobre las vigas, encontrándose con la otra que se dirigía hacia la punta del muelle. Al atracar el Colonia tocó una de las vigas. La gente, ya alarmada con el sensible movimiento del muelle, creyó que éste se desmoronaba, y hubo un instante de pánico. Por fortuna no duró más que unos segundos. De otra manera se hubiera producido una catástrofe, pues todo el público apiñado en el desembarcadero hubiera presionado sobre el de atrás, produciendo allí una masacre pavorosa.

El Colonia atracó y la gente pudo subir a bordo: subir saltando del muelle al vapor, encaramándose sobre los barcos de la borda y realizando, en una palabra ejercicios diversos de acrobacia, a los cuales tuvieron que someterse las mismas señoras. Estas habían ido en el vapor especial para familias con todas las comodidades, pero a la vuelta tenían que optar entre subir a salto en el vapor que les tocara en suerte o quedarse en tierra.

Subieron en el Colonia mil, dos mil, tres mil personas: hasta que aquello estuvo absolutamente abarrotado siguió el asalto. Luego se dio termino a la carga y el vapor desprendió amarras. El barco venia tumbado a estribor hasta el punto de que una de las ruedas sumergía su eje mientras la otra no llegaba apenas a tocar el agua. Se daban sobre este hecho diversas explicaciones: que el vapor no tenía una estabilidad muy segura, que faltaba lastre, que los estanques habían sido mal distribuidos y otras tantas igualmente satisfactorias para los viajeros. Entretanto, la inclinación era tal que se hacía difícil caminar sobre cubierta y muy incómodo estar sentado.

Así inició y así siguió su marcha el Colonia desde su partida hasta su atraque en la dársena.

A las 7.30 en punto salía del muelle. Una hora después no se había alejado una milla de la Colonia. Eran las 10 y todavía se avistaban claramente las luces de ésta, mientras el vapor parecía entregado a caprichos ensayos de timón aproando sucesivamente ya al sudeste, ya al sudoeste. Cuando el público se dio cuenta de que la hora de llegada estaba lejana quiso suplir la comida ausente, utilizando los servicios del bar; pero este solo despachaba bebidas, porque todas las provisiones se habían agotado a la ida.

A las diez y media, tres horas después de la salida empezaban a avistarse en la lejanía las luces de Buenos Aires. La indignación de los pasajeros contenida hasta entonces, empezó a desbordar, asumiendo formas rudamente expresivas, que fueron en creciente acentuación hasta llegar a Buenos Aires. Alguien lanzó la idea de arrojar las sillas de la cubierta al agua y acto continuo empezó una nutrida descarga de gruesos proyectiles sobre las dormidas aguas no acostumbradas a tales presentes. Sillas, sillones, bancos y cuanto objeto desprendible, había en todas las cubiertas, fue cayendo sucesivamente en medio de estruendosas glosas colectivas, que indicaba el significado del sacrificio. Algunas señoras y niñas colaboraban en la tarea e incitaban a los pasajeros con su ejemplo.

No quedó abordo una sola silla ni nada semejante. Y después que las hubo arrojado totas el público, tuvo que esperar todavía, pacientemente, hasta la 1 en punto de la mañana, hora en que el rapidísimo vapor Colonia atracaba en la dársena, después de haber empleado exactamente cinco horas y media en la travesía!

Por este botón de muestra puede colegirse el resto. Agréguese que los pasajeros de los vapores ”especiales” para la corrida, llegaron al cuarto o el quinto toro, es decir, cuando iba a terminar la fiesta y que en la plaza cada cual ocupó el sitio que mejor le pareció, por derecho de conquista sin que valieran billetes , ni comprobantes para conseguir cada cual su localidad ; agréguense estos detalles sumados a otros muchos que omitimos y se tendrá la impresión exacta de la fiesta de ayer.

Puede ser que el domingo próximo vaya mucha gente; pero de la que estuvo ayer, y particularmente de los pasajeros del Colonia, no creemos que reincida ninguno, a menos de llevar la afición hasta la grandeza del heroísmo”.