CONTENIDO TEMÁTICO: ESPACIO DEL AZULEJO

El Espacio del Azulejo, está ubicado en un edificio portugués del siglo XVIIII, recuperado y parcialmente reconstruido. Cuenta con tres habitaciones que consecutivas forman una “L”, donde se encuentra la sala de recepción y dos áreas expositivas.

La muestra concentra hasta el momento, una colección de azulejos mayormente Pais de Calais. El Azulejo fue un elemento primordial en los siglos XVIII y XIX en la decoración de la arquitectura. Fueron utilizados en edificios religiosos como así también en la arquitectura civil, aplicándose funcional y decorativamente, aunque al inicio fue más un recurso constructivo que para uso ornamental.


Se observan ejemplos de cómo en Uruguay, tuvo más protagonismo en la arquitectura religiosa, revistiendo cúpulas y torres de Catedrales, iglesias y capillas. La mayor parte de esos ejemplos se relacionan con el típico azulejo francés denominado “Pais de Calais” por provenir de la villa de Devres en el departamento homónimo en el norte de Francia.

Podemos enmarcarlos en una temporalidad que se inicia en el 1840 y finaliza su importación a finales del siglo XIX, más no su uso, ya que muchos eran reciclados, volviéndose a utilizar por la nobleza de su composición.

La sala principal exhibe a modo de catálogo estos recursos que fueron empleados al principio para solucionar los temas de impermeabilización como fueron las cúpulas de las Iglesias, antepechos de ventanas, interiores de aljibes, hasta su uso en zaguanes, patios y cocinas.

La regularidad de la colección es notoria ya que se trata mayormente del mismo tipo de azulejo pudiéndose reconocer porque se ha utilizado para su fabricación un formato estándar de 4” o de 11 cm de lado. Sobre fondo blanco a base de óxido de estaño (estanníferos), se emplea el azul de cobalto y son piezas que utiliza puntos, líneas y comillas en su diseño geométrico. Algunos poseen un diseño central y en sus 4 esquinas un cuarto de un dibujo secundario que, al verse en su composición, casi no dejan grandes superficies blancas.  Se muestran otros azulejos que no cumplen esa regla, que pudieron ser fabricados en otras localidades de Francia o a demanda según la moda.

Una muestra pequeña permite conocer otras técnicas y formatos, como son los azulejos catalanes y valencianos algunos polícromos. Estos son de mayor formato: de 13 cm y de 20 cm de lado. La base es igual a los franceses son estanníferos (óxido de estaño).

Las vitrinas sirven de soporte para toda la muestra de azulejos que permite a niños acceder a su contenido, incluso a personas en sillas de rueda.

En cuanto a la información, hay algunos datos, ejemplos de su uso y algunas de las técnicas empleadas.

La segunda sala de exhibición, nos permite visualizar esos azulejos en el conjunto, formando un panel adosado al muro, una composición. Esto permite una mejor interpretación, convirtiéndose en un recurso visual y táctil. A través de la observación, puede entenderse su unidad y los dibujos complementarios que se forman en su conjunto. Se pueden descubrir las técnicas empleadas y los colores – óxidos – utilizados, formatos y tamaños entre otros.

A través del tacto, se puede conocer su forma y tamaño, algunas técnicas y sus texturas. Un rompecabezas de cubos permite armar composiciones a libre elección, permitiendo el juego y la creatividad.

Durante el recorrido se puede apreciar las técnicas de fabricación y decoración, que incluyen el modelado moldeado artesanal de la arcilla, que luego se sometía a una primera cocción (denominada bizcocho). Una vez fría la pieza, se decoraba aplicando primero la cubierta estannífera (óxido de estaño con agregado de arena o cuarzo y sal marina). Pasado unos días, luego de un breve secado natural se aplicaban los óxidos para formar el diseño y a continuación se sometía a la pieza a una segunda cocción quedando así el azulejo totalmente terminado.

La decoración más frecuente en este tipo de azulejos es la técnica de “plantilla calada”. La planilla era una lámina con el dibujo recortado o perforado, la lámina podía ser de metal. Esta se pone sobre la pieza a decorar, posteriormente se pasa el pincel con el óxido, quedando así el dibujo trasladado al bizcocho.

Se utilizan tantas plantillas como colores o formatos tenga el diseño final.

La “trepa”, otra técnica que consistía es una especie de molde que podía ser de madera, que se apoyaba y presionaba sobre la pieza aún fresca dándole depresiones y relieves, por cuyos cuencos se depositaba el óxido diluido.

Algunos ejemplares están confeccionados con la técnica de “estergit” o calco, que consiste en marcar las líneas principales del dibujo en un papel con orificios muy pequeños y juntos que se aplican sobre el azulejo a decorar.

Posteriormente se pasa carbonilla en polvo sobre el papel, el polvo se filtra por los orificios y marca sobre el azulejo un sencillo contorno - que desaparecerá en la cocción – y sirve para guiar al pintor, conformando las líneas principales del azulejo, donde el artesano completará el dibujo a mano alzada, trazos libres.

Otras técnicas más antiguas a mano alzada se hacían con la técnica de la "cuerda seca”, un pincel impregnado en grasas hacía de límite entre un óxido y otro, se rellenaba y en la cocción, este se diluye, por lo que en la pieza podía combinarse varios colores.

Si la destreza del artesano era sobresaliente, podía hacer composiciones solo a “mano alzada”.

Entre los materiales que se necesitaban para la fabricación de estos elementos se encontraban la Arcilla, Moldes, óxidos (Blanco: óxido de Estaño, Azul: óxido de cobalto, Vinoso: óxido de manganeso, Amarillo: óxido de cromo, Verde: óxido de Cobre, Rojo: óxido de Hierro, Transparente: óxido de Plomo), Pinceles varios, entre ellos de pelo de buey, Plantillas o moldes, Horno y Sellos.

Durante el recorrido también resulta curioso la similitud en la coloración de los objetos exhibidos. Podían emplearse todos los colores, pero combinando el estaño, el manganeso y el cobalto se podían obtener piezas en menor tiempo y costo, ya que todos estos óxidos juntos saturan a la misma temperatura. 

Mientras que, al incorporar otros óxidos, saturan a una menor temperatura debiendo entrar al horno tantas veces como colores se usaran, haciendo de estas piezas más costosas ya que llevaban más tiempo de elaboración como posibilidad de romperse.