CONTENIDO TEMÁTICO: ESPACIO ESPAÑOL

Planta baja

1 Ocupación portuguesa

2 Campamento del Real de San Carlos.

3 Desmantelamiento de la Colonia

7 El legado español

Planta alta

4 Colonia después de la Colonia

5 Interrupciones de la paz

6 La ciudad criolla

A través de un dinámico y gráfico audiovisual se aborda de forma resumida lo acontecido en un siglo de ocupación intermitente de los portugueses en Colonia del Sacramento y las respectivas desocupaciones por España, de 1680 a 1777.

La primera parte de la exhibición se interpreta a través de materiales recuperados de los numerosos naufragios de la costa de Colonia, los cuales dan cuenta de la compleja maniobrabilidad, elemento que ha signado la suerte de este enclave en toda su historia.    

Las siguientes unidades temáticas en la sala, se centran en el Campamento del Real de San Carlos, su ubicación estratégica al norte de la Colonia. Las razones para establecerlo, el origen de su nombre, los cuerpos militares asociados, uniformes y armamento, las jurisdicciones y funciones fuera de la medida del “Tiro de Cañón”. Y el proceso de desalojo y desmantelamiento de la colonia y el tratamiento de los bienes materiales existentes en Colonia del Sacramento.

Por otro lado, se aborda en desmantelamiento de Colonia, a partir de un audio que reproduce el discurso de Cevallos en la Toma de la ciudad en 1777.

El recorrido continúa en un primer piso, al cual se accede por las escaleras que se encuentran junto a un tabique original, de una construcción típica portuguesa (1722-1749), intervenida por el Arq. Miguel A. Odriozola, como Secretario Técnico del Consejo Ejecutivo de las Obras de Preservación y Reconstrucción de la Antigua Colonia del Sacramento en 1969.

Colonia después de la Colonia

Esta unidad temática aborda el desmantelamiento de la colonia hasta el término del gobierno colonial de la corona española, entre 1778 y 1810, años en los que comienza a formarse precaria y lentamente un nuevo embrión social, del cual los cronistas no se refieren en sus textos a este lapso inédito de la historia de Colonia comprendido

El contenido responde cuatro cuestiones claves: ¿cómo vivían?, ¿de dónde venían?, ¿qué hacían?, y ¿quiénes eran?.

Por otro lado, la señalización de los alfares españoles de los que se tiene representación en la población española para este momento permite hacer referencia a la tierra de dónde vienen, transformada luego en cerámica, transformada luego en materia prima en un ciclo de reutilización y reciclaje.

Los episodios de construcción, destrucción y reutilización que vivió la ciudad fueron también identificados durante la investigación arqueológica de la Casa de los Gobernadores. Recordemos además que, por tratarse de un edificio icónico del poder portugués, fue sistemáticamente destruido cuando los españoles conquistaron la plaza (años 1763 y 1777). Las diferentes características morfotecnológicas de cimientos y estructuras dan cuenta de varios episodios constructivos; dos de ellos relacionados con las construcciones señaladas como “Casa o Palacio del Gobernador” en los planos de 1731 y 1762 (Fusco y López 1992). Respecto del material arqueológico, fue recuperado en dos contextos bien diferentes: a) material in situ, b) material formando parte de rellenos de diferentes momentos. Las piezas seleccionadas para formar parte de la exposición permanente Espacio Expositivo Español, corresponden a material cerámico de origen español recuperado en la excavación de la Casa de los Gobernadores Portugueses (Fusco y López 1992).

Cuatro de las piezas (dos bacines, una botija y un plato) corresponden al sector identificado como depósito del siglo XVIII, rellenando estructura subterránea al SE de la edificación, y las otras cuatro (tres botijas y una ficha de juego) se recuperaron en el sector Sur, formando parte del nivel de relleno posterior a las edificaciones portuguesas.

La Ciudad de Colonia del Sacramento contó durante su etapa colonial con recipientes cerámicos hechos con manufactura local (cerámica de tradición indígena, cerámica criolla –con técnicas indígenas y formas europeas-), conviviendo con recipientes traídos de Europa. El ingreso de estos últimos a la plaza fue a través de los más diversos mecanismos comerciales, no todos aceptados por la corona española. Durante los periodos de ocupación portuguesa, “Aunque las leyes españolas castigaran severamente el contrabando, la represión efectiva del comercio ilícito estaba muy ligada a la actitud adoptada por los gobernadores de Buenos Aires, muchos de los cuales tenían acuerdos con los contrabandistas” (Possamai 2011:1).

Una vez que se rompían y ya no podían ser utilizadas como contenedores, las botijas eran descartadas en basureros domésticos, pero también en muchas ocasiones entraban en el circuito de los materiales de construcción. “En el lugar de producción, es decir en ciudades de la Península caracterizadas como centros de producción alfarera, fue frecuente la reutilización de ceramios completos, a veces con defectos de fabricación, y de fragmentos procedentes de piezas malogradas durante la cocción. Este material de desecho era empleado como relleno en muros de piedra, ladrillo о adobe” (Ortiz Troncoso 1992:77). El uso de fragmentos de botijas –así como de tejas y de ladrillos- está también presente en las estructuras murarias de Colonia del Sacramento, evidenciando un último uso para el que sirvieron estos contenedores.

Todos los objetos seleccionados no tienen nada de especial, son como los cientos de piezas recuperadas en el sitio de Colonia del Sacramento, pero como todos ellos presentan historias de vida particulares. Todo se inició con su fabricación en algún alfar de España, su traslado en alguna de los cientos de embarcaciones que atravesaron el Atlántico, su compra y venta (seguramente a través de medios ilegales) en esta parte del mundo, sus usos y su descarte. En algunos casos la función para la cual fueron fabricados no siempre fue la misma para la cual se usaron. La ficha de juego, es quizás el ejemplo más claro. En otros casos quizás tuvieron un solo dueño quien los usó hasta que se rompieron y dejaron de cumplir su función. En otros casos seguramente pasaron por varias manos antes de su descarte final; las cuatro botijas podrían, si hablaran, contar alguna de estas historias.

Los ocho objetos, una vez recuperados en la excavación de la Casa de los Gobernadores, fueron embolsados con su correspondiente etiqueta (con datos para que los arqueólogos son esenciales), siglados, analizados en mayor o menor detalle y vueltos a guardar. Allí pasaron 30 años en una especie de limbo atemporal, desprendidos de la sociedad que los fabricó y utilizó y sin conexión con la sociedad la sociedad actual. Como dice Lucas (2005) este es el destino de la mayoría de los artefactos excavados, solo unos pocos afortunados logran ingresar a las vitrinas de los museos y permanecer a la vista, entrando nuevamente a jugar un rol en una sociedad que no los fabricó ni los usó. Estos ocho objetos afortunados están por comenzar una nueva etapa de su historia de vida, formando parte del conjunto de objetos del Espacio Expositivo Español. Pasarán entonces, a pesar de sus años a ser “algo nuevo” para la sociedad del siglo XXI, llamando la atención de los curiosos visitantes del museo, la gran mayoría poco familiarizados con sus formas, colores, texturas y usos.

“La conexión entre el pasado y el presente parecería estar garantizada de alguna manera a través de la materialidad” (Lucas 2005: 111).

Operación Patagonia

En el curso de 1778 el sucesor de Cevallos, en el primer lustro del virreinato, don Juan José de Vértiz, favoreció la repoblación de la ciudad destruida. Había fracasado una expedición colonizadora a Patagonia y estos pobladores son alojados en la Banda Oriental, fundaron Guadalupe, Pando y San Juan Bautista y un grupo de linajes fue destinado a Colonia del Sacramento. Desde Buenos Aires impartió el Virrey instrucciones para que les adjudicasen a los nuevos pobladores las antiguas chacras de los portugueses, utilizándose los escombros y otros materiales para construir viviendas, restauraron el palacio del gobernador, la siembra bastó para el consumo local. El capitán Jiménez llevo a cabo la formación miliciana para policía y de eventual defensa.

En marzo de 1780 Jiménez transmitió la comandancia al capitán don Domingo Chauri quién permaneció varios años en el cargo, recibiendo allí su ascenso a teniente coronel en 1782.

La administración de la plaza dio lugar a establecer un servicio de correos, expidiéndose los sacos postales desde Buenos Aires por lanchones hasta Colonia, de donde se los dirigía a Montevideo por vehículos y las comunicaciones oficiales por medio de chasques. Se estimuló la ganadería por venta de cueros, se subastaron extensos campos realengos y los pilotos de la armada desempeñaron el papel de agrimensores, delimitando posesiones en las cuales se alzaron los ranchos primitivos y hospitalarios.

En 1783 el comandante Miguel Fermín de Riglos sucedió a Chauri, levantó un padrón de las familias pobladoras de Colonia.

El primer tomo del protocolo del Cabildo se inicia en 1793 y sus escrituras registran un movimiento relativamente importante de adquisiciones y ventas, poderes, testamentos y tráfico de esclavos. El desarrollo se daba gracias al esfuerzo de las familias estancieras, aunque los medios de existencia, costumbres y método de trabajo eran notoriamente primitivos.

Durante los 20 años iniciales de su repoblación la plaza careció de escuela. En 1798 se fundó la primera por iniciativa de destacados vecinos Manuel Delgado y Francisco de Andújar, y varias personas pudientes sostuvieron y abonaron un reducido sueldo a su preceptor don Mariano de Ipárraga, quien trabajó durante más de 30 años, siendo su clase la única que existió hasta después de la independencia. Primeramente, en la capilla de Santa Rita y a los dos años tuvo que trasladarse a un lugar más pequeño porque la capilla se destinó a suplir la Iglesia mayor destruida en un incendio en 1800.

El 16 de abril de 1800 Ipárraga redactó un programa de educación primaria y gratuita que abarcaba la enseñanza religiosa y los modales sociales.

Interrupciones de la Paz

En el pasillo que articula las 2 casas se interrumpe el discurso sostenido en la vida cotidiana y el crecimiento de la población estable española, para referirse a las Invasiones Inglesas y la Revolución Oriental, como hechos bélicos que alteraron la dinámica de la ciudad.

Las Invasiones Inglesas

El letargo luego de tres décadas se vio interrumpido por acontecimientos políticos y militares que provocaron las Invasiones Inglesas.

Las tropas inglesas derrotadas en Buenos Aires en agosto de 1806 permanecieron en el Río de la Plata y, una vez reforzadas, atacaron y conquistaron Maldonado, la Isla Gorriti, Montevideo y Colonia del Sacramento.

Esta última era una plaza fortificada que contaba con 2800 habitantes y un punto estratégico para el control de Buenos Aires, razón por la que los ingleses decidieron ocuparla. La ciudad no ofreció resistencia, ya que las tropas españolas se habían retirado y gran parte de su artillería había sido transportada hacia Buenos Aires para preparar su defensa.

La pérdida de Colonia se hizo sentir en los españoles. Por lo tanto, a fines de abril de 1807 intentaron asaltarla en horas de la noche para recuperar su posesión. La tenaz resistencia inglesa y la inexperiencia de las tropas virreinales frustraron la misión de Francisco Xavier de Elío quien se replegó con sus hombres hacia el campamento en la Calera de las Huérfanas.

A principios de junio, el ejército expedicionario de Elío recibió refuerzos desde Buenos Aires y de la campaña por lo que estableció un nuevo campamento 20km al norte de Colonia del Sacramento, sobre el arroyo San Pedro.

Pack decidió atacar a los españoles en su campamento durante la madrugada del 7 de junio. El contingente inglés sumaba 1139 hombres. En un certero ataque los británicos derrotaron a los españoles, que dejaron 120 muertos en el campo, decenas de heridos y 105 prisioneros. Replegándose como pudo, Elío retornó con parte de sus hombres a Buenos Aires, para preparar la defensa ante el inminente asedio inglés.

Colonia del Sacramento continúa ocupada por los británicos hasta el 26 de junio, cuando Pack y sus hombres recibieron la orden de evacuarla y sumarse a la fuerza de asalto sobre Buenos Aires. Sin embargo, días más tardes, los ingleses se llevaron una gran sorpresa al ser vencidos por las tropas virreinales, debiendo abandonar el Río de la Plata unos meses después.

La Revolución Oriental

Banda Oriental, febrero de 1811. La plaza fuerte de Colonia del Sacramento no era ajena a los acontecimientos emancipadores que se sucedían en Buenos Aires desde mayo de 1810. Allí, José Gervasio Artigas servía como segundo comandante interino, bajo el mando del brigadier Vicente María de Muesas; este jefe, a quien Dios no lo había iluminado con el arte del mando, llegó a Colonia reemplazando al gobernador coronel Ramón del Pino.

Constantemente se suscitaban encontronazos entre el nuevo jefe militar y Artigas. Acérrimo defensor de sus soldados, este último tenía un elevado prestigio como militar y caudillo. Conocía cada rincón de la campaña oriental y era respetado por muchos y temido por otros tantos.

Un hecho menor encendió la chispa revolucionaria, la soldadesca de Artigas fue acusada por Muesas de ingresar a un huerto y tomar algunas frutas. Llamado por el gobernador, fue observado por la conducta de sus subalternos y al parecer bastó que fuera agraviado de palabra por su jefe para decidir la deserción.

En la oscura noche del 15 de febrero de 1811 Artigas cruza el portón de campo de la Ciudadela acompañado por el cura párroco José María Enríquez de la Peña, el teniente Rafael Ortiguera y un grupo de soldados.

Ocultos por las sombras se dirigen a la quinta de Juan del Águila, quien les proporciona unos caballos con los que ponen inmediatamente distancia no solo de Colonia, sino también del servicio de la corona de España.

Mientras tanto, en Colonia, Muesas, furioso por la acción de Artigas, manda patrullar – sin éxito – todos los caminos circundantes de la ciudad.

Artigas emprendía la marcha hacia Soriano para presentar, como lo hizo más tarde, su espada a favor de la causa americanista frente a la Junta de Buenos Aires.

Así comenzaba a gestarse la historia grande de nuestra patria.

La Ciudad Criolla

Al pasar a la otra casa portuguesa se accede al último tramo del recorrido propuesto. El discurso vuelve a centrarse en los aspectos demográficos, de vivienda, agrupaciones familiares, procedencias, crecimiento y conformación poblacional.

La multiplicidad de recursos de acceso al discurso permite abarcarlo de diferentes formas. El panel con fichas permite acceder a la información hurgando entre las cartelas, mientras que el audiovisual resume las transformaciones de la ciudad y los hechos trascendentales hasta el momento actual, con la conformación y localización del contexto poblacional. El juego de la coincidencia de la baranda de la escalera, relaciona familias seleccionadas del cenco en el que aparecen estos pobladores.

Poco después de los hechos antes abordados, el pueblo aspiró al título de villa por la solicitud firmada de diferentes vecinos y el nombramiento de un Ayuntamiento con renovación anual, análogo a los tres existentes en la Banda Oriental (Montevideo, Maldonado y Soriano); su autoridad sólo había sido ejercida por un comandante de armas venido desde Buenos Aires con jurisdicción sobre los partidos rurales del Real de San Carlos, Rosario del Colla, San Juan, Las Víboras, y Las Vacas. El Virrey Liniers accedió a la solicitud el 10 de enero de 1809 y nombró las autoridades y competencias. El 23 de diciembre de 1781 Sebastián Quesa y León, en calidad de cura vicario de Rosario del Colla ejerció jurisdicción sobre las feligresías de Colonia y Real de San Carlos.

El mariscal don Garpar de Vigodet al hacerse cargo de la gobernación de Montevideo, comisiona a don Joaquín Alvarez Cienfuegos un acto de reconocimiento de la villa del Rosario el 15 de octubre de 1810, se transforma éste, en el último acto del gobierno español en la jurisdicción coloniense.

El legado de España hoy.

En esta última sala del recorrido propuesto, se desarrolla uno de los legados principales de la cultura española presente en la actualidad: la lengua española. A través de los dichos, refranes y expresiones populares presentes en la población actual, presentes algunos en el siglo XIX y otros de gestación contemporánea en el Barrio Sur. Los que se utilizan desde el S. XIX en colonia, has sido relacionados con objetos que intentan ilustrar el significado detrás de la expresión.

También los públicos pueden hacer su aporte a #decimos, acrecentando el repertorio de expresiones populares en una urna.

La herencia cultural de los pueblos que dieron origen a dicho proceso de mestizaje que dio luz a nuevas y diversas culturas en el continente americano, puede percibirse actualmente en dos niveles. Uno refiere a las manifestaciones de la cultura material que permanecen hasta hoy, por ejemplo, en sitios arqueológicos o lugares preservados en tanto se los considera sitios patrimoniales. El otro nivel se encuentra en las manifestaciones de la cultura inmaterial, preservada y reproducida en el devenir de la cotidianeidad a través de la lengua, ceremonias, festividades, música, vestimenta, técnicas agrícolas y constructivas, conocimientos farmacológicos, gastronomía, etc.

Del primer contingente de pobladores de nuestro país de origen español, heredamos las artes ecuestres, la guitarra, el romancero, las armas blancas, el juego de taba y la riña de gallos, las creencias religiosas, el idioma español, la vivienda y la vestimenta, entre otros.